jueves 19 de noviembre de 2009

E-mails.Fragmentos.

1)Si no quieres leerlo o estás cansada de darle vueltas a este asunto, puedes dejar de leer este email en cualquier momento. Si no te hablo de todo esto más a menudo, es porque no sé cuándo necesitas hablarlo o cuando estás saturada y no quieres más.


2)Éste es el mail más importante que yo he recibido.
Cuando tú hablas, se paran las cosas. Así que es importante porque has parado algo durante minutos, que hacía meses que no se paraba. También porque durante esos minutos, me he dejado cuidar, y parecía de verdad que estabas cuidándome. Eso no es fácil. Ha llegado en el momento justo.



3)Están esperándote muchas personas, muchos libros, muchos alumnos, muchos poemas,

4)tú no puedes olvidar lo que eres

5)Ahora empieza tu tiempo para ti. Cuídate, porque yo sé que tú tienes que saber cómo hacer eso contigo misma.

6)Si ya sabes cómo se dice happy end, pues dilo, y no lo digas al revés.

miércoles 11 de noviembre de 2009

Viento

El piso nuevo no tiene colores, pero tiene un balcón que da a la calle y está cerca de mi bar favorito. La dueña me preguntó si quería una cama pequeña o una grande, y yo dije que grande. Si tengo que estar en el desierto, al menos que sea de verdad. En la nueva ciudad hay muchísimo viento.
Es un piso de que un señor mayor compró para pintar por las tardes, por eso en medio del salón hay un caballete. Yo no he pintado nunca, pero el caballete me puede servir para cualquier otra cosa. Y la luz que entra por el balcón es espectacular.

He tenido que esconder el libro para no leerlo, porque ya me hace daño. Lo he escondido en el mismo sitio que el resto de las cosas, pero es terrible saber perfectamente sónde está. Voy a mandarlo por correo lo más lejos posible.

martes 10 de noviembre de 2009

He cambiado de teléfono y de salida en la autovía

Las señales que veo por todas partes me sirven sólo a ratos: en la tele se cae el muro de Berlín cada 15 minutos, en la novela que leo en clase los personajes viajan en el tiempo y vuelven mejores de lo que son, y Sam Bell en Moon se deja cortar el pelo porque se acerca el día de volver a la Tierra y lo están esperando.

Estoy buscando una casa nueva en otra ciudad. En ésta, lo mejor son los cielos y eso no me ha servido nunca.

sábado 7 de noviembre de 2009

mucho más cerca

Si sumo todos los kilómetros que he hecho en este tiempo y los hago en línea recta, llegaría exactamente al número 43 de Viking Street, en Ciudad del Cabo. Pero yo quiero llegar a la puerta de su casa, que está mucho más cerca y tiene un nombre mucho menos bonito.




Ojalá Mathias Malzieu hubiera escrito este libro mucho antes. Ojalá hubiera sido el primer libro que me hubieran dado para leer, y así no tendría que aprender ahora toda la cara B de las cosas, porque ya me la sabría y habría estado preparada.

Jack nace con un problema en el corazón y una médico valiente le coloca un reloj de madera para que sobreviva. Las reglas (1,2,3) son muy claras. Y fáciles. Hasta el 27 de junio.

Esta semana salía corriendo de trabajar para llegar pronto a casa y poder volver a leerlo. Cuando lo terminaba, volvía a empezar. No he ido a hacer la compra y tampoco he ido a nadar ni he cogido la bici. Quería aprenderme todo el amor y el dolor, todas las agujas y los golpes, todo. Leer hasta meterme el libro dentro.
Anoche fue la última vez que lo leí. Me escribí una nota que dejé al lado de la goma del pelo, que es lo primero que cojo cuando me despierto: "No lo leas más. Ya está roto".

martes 3 de noviembre de 2009

escribo para defenderme

Volver después de tres años no sé si es ir hacia atrás o hacia adelante.

He hecho mi primera declaración de la renta, he vivido en países distintos, me he comprado un coche, me han dejado, he visto más cine y leído más teatro, me han recuperado, y he aprendido lo que es el desprecio, la pena, la humillación y la tristeza.

Por suerte, la otra parte también ha ido creciendo.

sábado 1 de julio de 2006

más

Así que Barcelona se acabó. Y todo lo demás, se va acabando.

lunes 29 de mayo de 2006

libros

Ayer tuve la tarde más triste del mundo. No quiero hablar de ello, por eso la enterré en la arena y será un secreto entre ella, la Barceloneta y yo.


Para recuperarme, hoy he regalado dos libros. Bueno, uno lo voy a regalar ahora porque Rutilia aún no ha llegado (si os la encontráis de camino no se lo digáis).
A Autonauta le he regalado El libro de la almohada, de Sei Shonagon, porque me encanta. Porque tiene esa belleza inquietante de la que todos hablan pero pocas veces se ve.
Le he dicho que si Sei Shonagon viviera ahora y no en el siglo X, tendría un blog. Que es una manera como cualquier otra de estropear un regalo tan bonito.
Se llama el Libro de la almohada porque los cortesanos escribían una especie de diarios que luego guardaban en el interior de las almohadas de madera.
Tuve un gran problema con ese libro. Leyéndolo me enteré de que Borges no sabía japonés. Lloré por eso, aunque me da vergüenza decirlo. Pero es que para mí era es importante.


El de Rutilia es un libro que se llama Princesas olvidadas o desconocidas, que es lo más parecido a un tesoro. Me ha llamado desde la estantería de La Central, y como siempre me han gustado los libros con iniciativa, lo he comprado. Lo he leído en el metro con la sensación de que estaba leyendo lo más bonito. Me ha gustado la princesa Deletrea de Eritrea y también Tremenduskah, pero más la primera porque Tremenduskah da un poco de miedo.

Rutilia me lo leerá por las noches mientras yo le aprieto la mano. Por mi mano sabe cuando me quedo dormida y puede apagar la luz.


Edito porque: ha llegado Rutilia y yo no he podido aguantarme y le he dicho dónde tenía que mirar para encontrar un libro. Y cuando ha ido a levantar la almohada, resulta que había otro libro: Los perros románticos, de Bolaño. Autonauta lo había dejado ahí para mí.

Joder, que día tan bueno.

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